Los cuadros de mi vida

Tras conectarme en aquella máquina, el efecto fue instantáneo, escenas alrededor de mí, las reconocía pero no era capaz de asimilarlas al completo, hasta que de repente predominó la oscuridad y empezó a sonar una voz en off como en asteroid city, explicándome lo que iba a suceder a continuación: “Tu cuerpo acaba de entrar en modo zen, a partir de ahora domina tu mente. Empezarás a ver distintos cuadros que dividen tu vida hasta  el día de hoy, están ordenados desde tu nacimiento hasta tu edad actual, debes ser capaz de controlar tus sentimientos para pasar de una época a otra. Suerte”.  Los cuadros parecían sacados de Mario Bros 64, lo cual le daba diversión al asunto, pero lo de controlar mis emociones como en Inside Out no me hacía mucha gracia… Vamos a por el primer cuadro.

Al entrar en aquella dimensión volví a sentir mi cuerpo, pero no entendía que hacía ahí, un campo abierto sin nada alrededor, solo verde, al menos era un lugar bonito, lo cual me tranquilizaba, pero tenía que saber que hacía ahí. Tras andar sin parar durante horas no aguantaba más, estuve a punto de parar hasta que empece a escuchar como si el suelo estuviera desmontándose, cada vez más cerca, era un grupo de caballos salvajes, todos pasaron de largo, menos uno. De color anaranjado y bravo como ninguno, pensé que podía ser una opción para transportarme más rápido y me acerque a él, no se dejaba, pero al final me gané su confianza y seguimos juntos el camino, le llamé Spirit. Durante todo el camino fueron cambiando los paisajes, algunos ideales, otros terroríficos, hasta yo quería que el gato con botas pidiera su último deseo. En uno de estos cambios de paisaje aparecimos en la sabana, con la mala suerte de encontrarnos un león, pero, ¿por qué va con un jabalí y un suricato? Nos acercamos a ellos, parecían majos y así fue, y cuando ya nos estaban enseñando su estilo de vida, un poco asqueroso comiendo bichos, pero bueno eran felices, ellos decían “Hakuna matata” o algo así, de repente volvió a cambiar el spot. Por fin, Spirit y yo  aparecimos en una ciudad, parecía que me acercaba al objetivo y decidí que Spirit debía volver a su casa y nos despedimos. Era una ciudad, pero era rarísima, parecía de dibujos animados y un chico me invitó a su casa, no me conocía de nada pero tenía que investigar y allí fui. Parecía normal, me enseñó sus juguetes, se le veía disfrutar y le seguí el rollo, pero se tuvo que ir a clase y me dejó allí  solo. Cuando salía de su casa para seguir mi camino un muñeco vaquero y otro astronauta empezaron a hablarme, sus palabras fueron: “Marco, ya estas muy cerca, tienes que llegar a tu casa y podrás cambiar de dimensión” me quedé loco, ¿estamos en Matrix o qué? Pero bueno, después de todo lo anterior no me extrañé. De repente sentí un mareo, me desmaye y desperté en mi pueblo de toda la vida, empecé a ver la luz al final del túnel. Fui a casa como dijeron los muñecos y la imagen que ví me congeló, mi familia y yo celebrando mi décimo cumpleaños. Cuando quise dirigirme a mis padres y a mi hermana no pude alcanzarlos, parecía un juego de mundo abierto mal hecho y, de repente, volví donde empecé, la oscuridad y los cuadros.

De nuevo la voz en off: “¿Y bien? Has superado el primer cuadro, puedes entrar al segundo”. Una vez dentro este parecía mucho más “normal” me encontraba en el sofá de mi casa, completamente solo, con una caja delante y una carta. “Estimado Marco, tienes delante lo que será tu próximo reto, descifra cómo abrir la caja y disfruta.”  Pues manos a la obra, parecía más difícil que ahorrar para un collar de Pandora o algo así lujoso. Tras horas y a punto de tirarme por la ventana conseguí abrirla. ¡Un viaje a Grecia todo pagado! Salía justo al día siguiente a las 8 de la mañana, allí me hospedaría en el hotel Amanzoe de Porto Heli. A la mañana siguiente, en el puerto esperando el barco me tocan la espalda, me tacharéis de loco cuando os diga que era el mismísimo Benoit Blanc, el cual me dijo que era el de la carta y caja misteriosa y que vendría conmigo a Grecia. Ya  en la habitación me comentó que había venido a investigar mi caso, me sentí como en Shutter Island, un peón en mi propia investigación, pero en ningún momento me confesó cuál era exactamente mi caso. Estaba constantemente alerta tras saber que me estaban investigando, pero parecían unas vacaciones cualquiera, con actividades de vacaciones, pero en cualquier momento podía recibir un puñal por la espalda. Al último día del viaje, Benoit aún no me había dicho nada. Justo antes de volver a España me dijo que ya había cerrado el caso, que ahora me tocaba cerrarlo a mí. Quedé atrapado en esa dimensión como la juventud de Dorian en ese cuadro, hasta que di con la tecla. Sabiendo que el segundo cuadro se centraba en la segunda etapa de mi vida, y el primer cuadro acababa a los 10 años, intuí que era una continuación. A esas edades uno forja su personalidad, ahí esta la tecla, Benoit estaba investigando mi personalidad, y tras encontrarla, dejó que yo también lo hiciera. De nuevo en la oscuridad.

“Segundo cuadro completado, este te ha costado más Marco, dirígete hacia…” Dejé de escuchar la voz, y empezó a iluminarse la oscuridad, me habían desconectado de la máquina. Una enfermera se acercó y me dijo: “Abstergo ha finalizado su trabajo, estas muy deteriorado, seguir con el tercer cuadro podría matarte, además, aún tienes que vivirlo”.

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